· A uno le gustaría que las cosas sucedieran como es del gusto de uno. pero las cosas suceden como han de suceder, ni más ni menos. A veces coinciden con la idea de uno, a veces no. Contrariarse está de más. Anoche fui a la cafetería donde habíamos quedado en vernos. Llevaba el libro con la esperanza que la espera se haría más soportable, pero en vano. Leía un párrafo y volvía a leerlo, porque no me enteraba de nada. Mis pensamientos estaban en otro lugar, claro. Bajo el bonito vestido blanco y verde lima de Puri, para ser exactos. Algo más tarde de la hora fijada, ella entró por la puerta. Estaba cansada, y se le notaba, pero la sonrisa que le iluminó el rostro al verme, borró todo cansancio. Se que la amé por esa sonrisa. Llegó hasta la mesa y le pregunté "¿Un café?". "Vamos a casa ahora mismo, ya nos tomaremos allí los que hagan falta", me soltó con urgencia en la voz, ahí mismo de pie junto a la mesa. Vale, me dije, hace mucho que no lo hace, esta claro, y esta que arde, eso esta más claro todavía. Ya en el coche pregunté pro costumbre "¿A tu casa o a la mía?". "A la mía, hace mucho que un hombre no duerme entre mis sábanas, casi ni me acuerdo lo que es eso". Casi me muero de la risa por la absoluta seriedad y franqueza de sus palabras. Al pan, pan y lo demás son ostias. A su casa pues. Y allí, sí, sobraban las palabras. Al mismo cerrar la puerta tras nosotros ya me estaba comiendo entero y esparciendo ropa por todas partes, mientras encendía luces camino de la cama. "Me ha costado un huevo concentrarme en el trabajo esta tarde, nada más que pensando en este momento". Ganas y ganas y ganas. Vamos las que pudieran faltarme a mí, a ella le sobraban. El resto, mejor lo guardo para la intimidad de los dos. Lo habré hecho muchas veces, con muchas mujeres diferentes, de físico, de clase, mejores y peores amantes, en suma. Nada como una mujer que le desea a uno con cada uno de los poros de su cuerpo para hacer de ese momento algo que valga la pena recordar. Y eso, la mayoría de las veces no tiene que ver con el físico ni las aptitudes amatorias. Eso tiene que ver con las ganas de llenarse uno y llenar al otro de placer. Ni más ni menos. La noche pasada la recordaré siempre. Eso es lo que quiero decir. Tan agotados acabamos que nos olvidamos de todo, hasta de apagar las luces. De suerte que cerramos la puerta al entrar, por que sino, seguro, aún seguiría abierta cuando he despertado esta mañana.
Llovía suavemente. Sigue el tiempo así de aquella manera. He despertado con la dulce sensación del peso de otro cuerpo dando calor al mío. Con su brazo derecho abrazando mi pecho y su rostro durmiendo sobre mi hombro. Me ha parecido hermosa de verdad, así dormida. Y me ha hecho sentir grande, aunque no supiera de que. He sonreído al verla a mi lado. Y no he hecho otra cosa que contemplarla, sin moverme, hasta que ella misma se ha despertado. He aquí la ternura que tanto echaba de menos en los últimos tiempos. "Buenos días". "Buenos y rebuenos días", me ha contestado, antes de comenzar a besarme de nuevo, y acariciarme de nuevo hasta que lo hemos vuelto a hacer, así, con la modorra de recién despertados, suave y lentamente. "Que hambre tengo ahora mismo", es lo siguiente que ha dicho. Nos hemos levantado, y, entre risas, hemos recorrido el camino de vuelta hasta la puerta, apagando luces y recogiendo prendas por el camino. Y allí mismo en la puerta, las hemos vuelto a dejar en el suelo y nos hemos vuelto a abrazar y besar de nuevo. "Mejor así, desnudos. Quiero desayunar así contigo. Quiero verte desnudo todo el tiempo. ¡Dios mio, hacía tanto tiempo que no tenía un hombre así, delante de mí!". Me he vuelto a reír con ganas. desnudos hemos desayunado, hemos hablado, hemos tomado café y fumado. Luego nos hemos duchado juntos. "¿Y ahora que te apetece hacer?". "Tengo la mañana libre ¿y tú?". "Hasta la noche no trabajo". "Pues vamos para la cama". Y así hemos estado, desnudos y en la cama toda la mañana. Sexo, caricias, confidencias, cigarrillos. Esto es la vida. Lo demás son sucedáneos. Y esta bien, maravillosamente bien.
Luego, comiendo, antes de separarnos, llega el momento de tocar con los pies en tierra. Es la peor parte de ser adultos. Que somos conscientes de más cosas. "Escúchame. Me gustas, me gustas mucho. Pero no quiero atarme a nadie. Vayamos poco a poco, y a ver que sale". A mi me han sonado como palabras contradictorias, pero me mentiría a mi mismo, si dijera que no me gusta tanto como para no querer estropearlo. Le he dicho "de acuerdo, pero no te enfríes o esto se irá al carajo muy pronto". Se de lo que hablo. Cuando sientes algo, tienes dos caminos. O te tiras a la piscina ya y sin pensarlo, o lo más probable es que cuanto más tiempo pases pensando en tirarte, tan solo pase más tiempo, y tanto pasa, que al final no te tiras. Y excusas y razonamientos, nunca van a faltar. El miedo siempre es muy fuerte, más aún con los sentimientos.
Así nos hemos separado. Hemos quedado en vernos mañana. Si ese mañana llega a suceder. ¿Que carajo de enfermedad nos corroe a los hombres y mujeres de este mundo, que somos capaces de cualquier esfuerzo por nuestras metas, trabajo, etc... y tan poco y tan pusilánime cuando se trata de nuestros sentimientos?. Se me va a hacer larga esta noche. Muy larga, seguro.
"Mi nombre es Mal... Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre. Pero esas, no te las voy a contar aquí."