"Mi nombre es Mal... Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre. Pero esas, no te las voy a contar aquí."

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miércoles, 11 de abril de 2007

· Sigue nublado pero menos. Y me he vuelto a levantar temprano. Después de tomar un par de cafés y fumar unos cigarrillos en silencio, quizás lo que más me gusta de vivir solo, Me he sentado a leer, así, desnudo como estaba, hasta terminar el libro que tenía entre manos. Cosa de una hora después, con el buen gusto de las palabras en la boca, he pensado que lo que más me apetecía, era perderme un rato en la librería. Cualquier librería sirve cuando tengo ganas de mirar libros, pero cuando quiero un poco más, la librería de José, es la mejor. José es un tipo peculiar. Alto, delgado, con una espesa y larga barba. Tacaño de palabras con los extraños. Un cotorra, que no hay quien calle, con los conocidos. Fuma lo que no está escrito, y le importan un bledo las normativas. "Esta es mi casa, y en mi casa mando yo. Al que no le guste, que se vaya a comprar a una de esas bonitas librerías de diseño, toda llena de luz, con aroma a lavanda y un montón de libros supergüais". Es de derechas y mucho, y aunque no le preguntes, siempre se esta metiendo con los socialistas que, claro, tienen la culpa de todo. El día que le pongan una multa por fumar en la librería, la culpa la tendrá Zapatero, eso por descontado. Quizás para hacer honor a sus palabras, la librería vive en una casi perpetua penumbra, atestada de libros por todas partes, sin un orden aparente. De las novedades pocas, "Las que más se venden, que esto es un negocio, joder", eso si, pídele lo que quieras, que si no lo tiene, te lo encarga y no falla. Su especialidad, los libros de segunda mano y su Santo de devoción, la novela negra y similares. Ahora está enganchado a P.D.James. Lo mejor, que te puedes tirar todo el día mirando y no comprar nada, que no le molesta. Dale un poco de conversación o, simplemente escúchale y él se da por contento. Los que le conocemos sabemos que sobrevive, porque el local era de sus padres y no le cuesta mucho mantenerlo. José estudió Química y se graduó, he hizo una tesis que, al parecer, aún se comenta en la facultad. Pero es un vago natural. Así que cuando murieron sus padres, y con la afición que tenía por leer, se montó este invento y así vive. Todavía recuerdo como un buen puñado de nosotros le cedió una buena cantidad de libros para hacer fondo el día de la apertura.

Y así he estado disfrutando un buen rato, ojeando este y este libro, y aquel y aquel otro de más allá, mientras hablábamos de trivialidades acerca de la vida, de los conocidos, hasta arreglar un poco el mundo, como siempre. Finalmente me he llevado cinco, todos de segunda mano; "Perdita Durango" ("eso es lo único bueno que te llevas", me ha dicho José), "Pedro Páramo", "Elogio de la ficción", "El miedo del portero al penalty" ("tu podrías escribir un libro así, pero en plan boxeo, algo que se llame, no sé, "Caer sobre la lona", o algo así, con mucho empaque, que venda como rosquillas, te lo digo yo", que jodido el José), y "Pequeñas infamias" ("uy!, cuidado con la pija, que engancha"), la pija, por supuesto, es Carmen Posadas, uno de los amores secretos de José, que se calla ante los desconocidos para no tirar por tierra su imagen de novela negra. Tonterías suyas, vamos. Ese ha sido mi botín del día. Le he encargado también, unos cuantos más, entre ellos "Historias de hombres casados", por recomendación de alguien de cuyo olfato y gusto me fío y a quien le agradezco el detalle desde aquí, y, ya puestos, "Últimas historias de hombres casados", la previsible continuación, a ver que tal.

Con el botín entre mis manos, me he acercado al mercado para hacer la compra. Unas verduras para hacer caldo, algo de carne, unas frutas, y un par de truchas asalmonadas, que ya me relamía de lo a gusto que me las iba a comer, preparadas al horno, sobre una base de patata y cebolla, y un atillo de hierbas por relleno. No es que sea buen cocinero, pero mi padre me enseño lo importante que es comer bien para andar por este mundo, y me apaño. así, con toda la carga, me he acercado a tomar un café y fumar un par de cigarrillos tranquilo. Mientras estaba ahí sentado, he visto, un par de mesas más abajo, a una mujer que suele ser habitual del café. Siempre que hemos coincidido, hemos cruzado miradas, pero nunca hemos ido más allá. Debe ser por la necesidad que sienten las mujeres de hacerse interesantes hasta que el hombre pica y da el primer paso. Hoy he dado ese paso. Quizás porque haber estado entre libros, me hacía sentir un poco más eufórico de lo habitual. Le he hecho señas para invitarla a sentarse conmigo. Ella me ha respondido que me fuera yo a sentar con ella. Acepta el juego, pero no quiere empezar cediendo terreno. así que me movido hasta su espacio. Una mesa cubierta de cuadernos de apuntes y un par de libros sobre la carpeta de una academia cercana. Se llama Puri, eso me ha dicho, y esta estudiando ingles. Algún detalle más. Tiene 36 años y trabaja como camarera de pisos en un hotel de la ciudad. Vamos que se gana la vida fregando cuartos y haciendo camas. Le ha parecido gracioso que me presentara como "Mal", por la costumbre, y ha hecho un puchero cuando le he contado de donde viene el golpe de la nariz y a que me dedico. "Pues no lo pareces". "¿El que". "Un machaca de esos. Todos los que he conocido tienen pinta de gorilas sobrealimentados y no parece que el cerebro les de para hacer la "O" con un canuto". "Eso es lo que piensa todo el mundo, si". No me he molestado en explicarle ni convencerla de lo contrario. Cada uno es libre de pensar lo que le apetezca. Puri me gusta, a que negarlo. No es escandalosamente guapa, pero es atractiva. No va maquillada como para una fería, tan habitual hoy día y eso resalta más la suavidad de su piel y la hace más hermosa. No va cargada de abalorios, apenas un sencillo colgante en plata con un piedra circular de ámbar en medio. Un sencillo reloj de pulsera, de esos tan graciosos de la Swtach, y un sencillo anillo de casada en sus manos bien cuidadas. Las uñas sin pintar. Viste sencillo. Hoy un vestido suelto hasta la rodilla, comprado en alguna tienda de moda, en tonos blanco y verde pistacho, muy de primavera, ya. Medias y unos cómodos zapatos en beige. Se nota que no gana mucho dinero, pero que se cuida y estira ese dinero bien. Le pregunto por el anillo. "Separada, desde hace un par de años, a Dios gracias, lo sigo llevando porque espanta mucho a los moscones, sobre todo en el trabajo". Cuando dice "A Dios gracias", refiriéndose a su separación, es cuando me fijo en un par de cicatrices, en su mejilla, casi imperceptibles y que se nota, se esmera en maquillar. No pregunto más. Lo que halla detrás ya me lo contará, si le apetece. Aunque ya imagino el que. Esta estudiando ingles, si, quiere prepararse para ser gobernanta y ascender de categoría. eso también me gusta, en Puri, y en las personas en general. Las ganas de mejorar, se saber. El empuje para no quedarse estancados. Las ganas de luchar y de vivir. Me fijo en la letra de los cuadernos. Una letra de redondillas de colegio, desigual. Le debe estar costando mucho esto de volver a estudiar, y eso hace que me guste más. La conversación fluye a gusto. Doy el siguiente paso. La invito a comer. "¿Donde?". "En casa, cocino yo", y levanto la bolsa con las truchas. Sonríe y acepta.

En casa, mientras yo preparo las truchas, ella se encarga de una ensalada, bien aliñada. Se nota la costumbre de cocinar y hacerlo bien. No se siente extraña en la cocina y apenas si me pregunta donde esta nada. Comemos con apetito. Yo tomo vino blanco. Ella sólo agua. "Trabajo esta tarde". Charlamos un poco más. Estamos cómodos el uno con el otro. Tomamos el café de pie, en la cocina. Me ayuda a recoger la mesa. "Deja, del fregoteo me encargo yo". Vuelve a sonreír cuando le digo eso. Ahí de pie, en la cocina, nos besamos por primera vez. Tiene muchas ganas. A saber cuando fue la última vez que lo hizo. La beso con ganas, si, pero con ternura también. Tengo la sensación de tener entre las manos un pichón asustado que saldrá volando ante el menor miedo, ante la menor de las dudas. Y Puri me gusta lo bastante para no querer jorobarla por las prisa y la urgencia. Así que nos besamos hasta que se relaja y se relaja. Ella me abraza con fuerza y tiene los ojos cerrados. Hace mucho desde la última vez, desde luego. "Tengo que irme a trabajar". Nos besamos un poco más. La dejo ir. Volverá, y estará más caliente aún de lo que ahora está. Yo también, claro está. Quedamos en una cafetería frente a su trabajo a la hora que sale. Se despide con un beso y un "gracias por la comida" y se va con una sonrisa en los labios. Friego los cacharros y la cocina. Me voy al gimnasio ha sudar un poco en la sauna el calor que llevo dentro.

Hay unas pocas normas que me mantienen con vida y un montón de pequeñas manías que forman mi vida. Una es tomar solo el café de la mañana. Otra es dormir sólo. Pocas mujeres han dormido en mi cama. Sólo aquellas que me gustaban de verdad. Y Puri me gusta de verdad. Así que es muy posible que mañana no despierte sólo en la cama. Y pensar eso, ahora, hoy, me hace sonreír y me gusta.