· Hoy a amanecido nublado y malcarado el tiempo. Me he levantado temprano, en contra de lo que esperaba, después de no descansar mucho el día de ayer. "¿Que hago?", me he preguntado ante el espejo. Un poco de limpieza que no hice ayer. Coger la bolsa y para el gimnasio. Cuando no se que hacer, voy al gimnasio. Allí me quito todos los males y las incertidumbres. Rayo y Ojo, ya estaban allí entrenando. Lito me ha saludado desde el fondo, donde estaba corrigiendo las maneras de un joven aspirante del peso ligero. Me he alegrado de verlos. Con sus bromas y sus risas, he levantado el ánimo. Luego, solo ante el saco, he descargado todo lo que llevaba dentro. Este por aquel, este por aquella, estos por aquello y aquello. Todos los demás por todo lo que debí de decir y hacer y no dije ni hice. PimPam, PimPam... El saco es un buen invento. Cuando estaba bien caliente, Lito se ha acercado. "Mal, ¿quieres hacerle de Sparring un rato al chico?". He mirado al chico. Le supero en peso. He mirado a Lito y he visto esa mirada suya. "De acuerdo". Y nos hemos plantado en la lona los dos. Todos los que estaban haciendo algo, se han acercado a mirar. Un combate es un combate, por más que sea de entrenamiento. El chico ha comenzado a pegar. Hacer de sparring, es un poco hacer de saco, pero que se mueve y devuelve los golpes. Con los primeros golpes que encajo en el estómago, me vuelve a la cabeza, el sonido de la campana. Los gritos excitados del público, el calor y el sudor. La rabia de querer tumbar al otro cuanto antes. El dolor del cuerpo machacado. El chico lo hace bien y pega como el demonio, pero le falta experiencia. Duda ante algún amago y es demasiado consciente de mi peso. Tiene miedo de encajar un directo de más peso. Aún así es muy gallito. Yo le he dejado hacer. "Golpea, vamos golpea sin miedo", le digo cuando lo tenga cerca. El chico pica el anzuelo y se lanza creyendo que soy muy lento y pesado y que no se más que encajar. Golpea y golpea. El estómago, los costados, la cabeza. El gallito se crece y yo noto el sudor animal de una pelea. Un par de directos al estómago de advertencia. El saco tiene puños. En un golpe de su brazo, que es más largo, su puño da en mi nariz. Cagada. Esta empieza a sangrar de inmediato. Como reflejo, un directo a su estomago, un gancho de izquierda y un directo a su mandíbula cuando se esta encogiendo. PimPamPum. Listo. El chico ha caído como un saco de patatas. Esta KO, pero esta bien. Eso si, le va a doler unos días. Le he pegado con todas mis fuerzas. Lito ha parado la pelea y se ha llevado al chico al vestuario, para que se duche y descanse. A la vuelta, mientras me quitaba los guantes y rayo me limpiaba la nariz y me ponía un algodón, me ha preguntado "¿Que tal, que opinas?". "No seas capullo, Lito, sabes mejor que yo lo que opino del chico". "Si, pero quiero oírtelo decir". "Es muy rápido y pega muy bien, pero le falta confianza, y mueve demasiado las piernas, todo eso ya lo sabes ¿no?". "Si, pero nadie como tu para confirmarlo. Por cierto, le has impresionado, al chico, digo, no te conocía. Me ha dicho que te diga, que cuando quieras, le gustará entrenar contigo". "Estoy viejo para hacer de madre, pero dile que si estoy por aquí y le apetece, de acuerdo". "Hecho. Una pena lo de tu nariz". "Si, una pena".
Después de la ducha, nos hemos ido a comer a casa de Rayo. Sophie no es muy buena cocinera, pero siempre nos acoge con gusto a la pandilla y eso vale más que cualquier puchero. He conocido a su niña. Tiene cuatro meses y es un bebé precioso. "llora por las noches", dice Sophie, quizás para que recuerde que no es sólo una bonita fotografía de niña dormida. Después de una sobremesa de risas y café, cada uno a tomado por su lado. He estado vagabundeando por las calles, sin ningún deseo concreto de hacer nada. Mirar escaparates. ver los detalles de los edificios, las caras de la gente, fumar distraído. Tomar café. Sonreír al niño que se esconojonaba de la risa por el golpe de mi nariz. Sonreír a la madre, que me ha mirado con una mirada de esas de "uhmm, no se, no se". Llevaba el libro conmigo pero no me apetecía leer.
Nariz de cristal. Eso es lo que tengo, y lo que me alejó de los combates. Durante mucho tiempo, eso fue muy duro de tragar. Hoy no, hoy me alegro. Aprendí a leer y hacer otras cosas. Disfruto con los libros y son importantes en mi vida. Y aún pedo entrenar lo que me plazca y echar alguna pelea como la de hoy. Y quizás me he librado de andar sonado por ahí. Demasiados golpes en la cabeza, nunca son buenos.
"Mi nombre es Mal... Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre. Pero esas, no te las voy a contar aquí."