"Mi nombre es Mal... Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre. Pero esas, no te las voy a contar aquí."

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lunes, 9 de abril de 2007

· Acabó la Semana Santa, y de la peor manera posible en el trabajo. Pero así es. Unas veces la noche acaba bien y otras veces acaba mal. Es lo que hay. Tan absurdo que ni lo comento. Uno de los chicos nuevos estará de baja un par de semanas. Ayer alguien me envió un correo con una pregunta trampa de esas de "¿Que harías tu si..?", y la verdad es que la pregunta me estuvo rondando toda la noche y hasta ahora. A veces soy más blando de lo que me gustaría. Claro que muchas veces, por otro lado, también tengo este corazón de poker, que a ver quien lo entiende.

Rubén me ha despertado del sueño esta tarde. Quería que me pasara por el local. Le estaban instalando las cajas nuevas, de pantalla táctitl y de paso, aprobechando la red interna, unos ordenadores de mano para que los camareros anoten las comandas y para sustituir clásica y vieja carpeta con la lista de la puerta. Le pierden los cacharritos a Rubén, pero para el local que me he ido. Total el día siguiente a acabar es como un día tonto y medio perdido, con el cuerpo castigado y atontado de sueño. Nada más abrir la puerta, escucho la voz del maestro Sabina saliendo de los altavoces, que ahora, con el local vacío, suena más baja y mejor. Rubén sabe como me gusta y quiere tenerme contento ya que me va a hacer currar de gratis. He sonreído. He sonreído más cuando al entrar he visto, al fondo de la sala, en la barra principal, sentada en un taburete, con un café delante y fumando un cigarrillo, la morenaza de la cita a ciegas. O todo el mundo se ha puesto de acuerdo en buscarme una novia, que ni busco ni necesito, o a esta morenaza, le gusto de verdad. A saber. Pero he sonreído al verla. Mejor verla a ella primero que a Rubén y sus cacharritos. La morenaza tiene nombre claro. Se llama Cecilia, Ceci para los amigos y para los que tenemos la mala costumbre de abreviar y llamarnos por los alias. Cuando me ha visto llegar, a abierto una sonrisa que podría derrumbar los siete pilares d la sabiduría en un plisplas, y ha respondido a mi saludo con un "Hola ¿como estas?" tan cálido que casi me duermo ahí mismo acunado en su voz. Así que la he cogido de la cintura y nos hemos besado con ganas. Hay que ser agradecido con quien bien le quiere a uno. En sus ojos había deseo y alguna cosa más. He intuido palabras que quiere decirme. Me cuenta que ha pasado por el local, viendo la puerta abierta para preguntar por mí, y el bueno de Rubén, que estas cosas las pilla al vuelo, en lugar de darle mi número, cosa que le tengo prohibido, a aprovechado la coyontura de las maquinitas y eso, para citarme aquí. Bien por él, pero le digo "Podrías haberme avisado, ¿no mamoncete?". "¿Y estropearte la sorpresa?". Que jodido.

En fin que si, que hemos probado las cajas nuevas y los terminales y van fenómeno, la verdad. El que usaremos en puerta también, la verdad. Tiene la ventaja de poder tener la lista de invitados actualizada en un santiamén. Pero, como le dicho a Rubén, voy a echar de menos la vieja carpeta. "¿Porque?", me pregunta él. "¿Tu sabes lo bien que va cuando hay que repartir tortas?. Ahora no vas a ganar para terminales, como a los chicos les de por estampárselos en la cabeza de algún renegado". Y Rubén, que casi se lo ha tragado, con lo serio que le estaba hablando, ha soltado una carcajada y se ha marchado diciendo "Que cabrón, pero que cabrón". Total que ya hemos entrado en el siglo XXI en este local, y ha sido rápido y no ha dolido tanto. Hemos tomado un par de cafes charlando de esto y lo otro en la barra. Luego Ceci y yo mismo nos hemos despedido. Había ganas de cama y tampoco es día de trabajo, caramba.

Luego, ya en su casa, un cuerpo a cuerpo bien sudado. Hoy le ha dado por "tu me esposas y me pones una venda y jugamos a poli bueno, poli malo y esas cosas". La mujer tiene un vicio largo y morboso, desde luego. Y a eso hemos estado jugando. Luego me ha hablado, y me ha contado lo que quería contarme desde que la he visto. Está casada. Malo. Su relación va muy mal. Peor y mentira. Que quiere esto y nada más. Hay que joderse, ya estaba claro el primer día. Que está conmigo porque tampoco le pido nada más ni se lo voy a pedir. Desde luego, pero así hay muchos. Resumen, que me ha tocado una pequeña lotería. Pero no hay queja en absoluto. Ninguna. Al acabar me he vestido. "¿No te quedas a dormir?". "No, no me quedo. Eres muy guapa y tienes mucho vicio, chiquilla, pero las historias con casadas, acaban así, cada mochuelo a su olivo". Ha puesto mala cara, pero es lo que hay. No me voy a comer el marrón del marido. Cuando quiera lago, ya me buscará.

He venido hasta casa dando un largo paseo. Pensando cuando fue la última vez que una mujer estuvo conmigo e hicimos el amor con ternura. Casi ni me acuerdo. Hoy parece que lo único que quieren es morbo y que les montes una película porno. Hay que joderse con el dolor y la insatisfacción que anda suelta por el mundo. Venía pensando también en la pregunta de anoche. Y todo junto me ha dado un hambre de narices. Es hora de cenar.