"Mi nombre es Mal... Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre. Pero esas, no te las voy a contar aquí."

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sábado, 7 de abril de 2007

· Cuando la noche acaba, es decir, cuando las luces se encienden, suena la última canción, y emprendemos la fatigosa tarea de ir despidiendo a los rezagados, a los que se acodan en la barra como si fuera el último punto fijo del planeta y a los que simplemente remolonean en grupo mientras deciden donde van a ir ahora, a golpe de "Por favor, señora, por favor señor, por favor señores, tengan la amabilidad de abandonar la sala". Cuando el último en salir ha abandonado la sala, es cuando los chicos y yo podemos relajarnos de verdad. Aún queda una última cosa. Mientras las camareras y camareros, los extras y las chicas de limpieza, empiezan a recoger los restos del naufragio, a ordenar la sala, a recargar las neveras, nosotros nos sentamos en una mesa y pasamos cuentas del día. Así le damos vidilla a Rubén y Sophie, para que hagan tranquilos la caja. Muelas apodó hace mucho a este momento como "la liturgia", que jodido, pero no le falta algo de razón.Es el momento para hablar, repasar la noche y decir como ha ido, que incidencias se comentan, como ha estado cada uno y como podemos mejorar. También es el momento en que podemos tomarnos una copa relajados. La primera de la noche. Tengo unas pocas reglas y un sinfín de puñetas que me gustan y exijo en este trabajo. La primera, sin excusas, es nada de alcohol en horas de trabajo. Al primero que vea, de patitas en la calle, eso lo saben bien. Así que algo de liturgia si tiene este momento, aunque sea por la presencia del vino, aunque el vino en este caso se llame "Brugal" o "Lagabulin", o cualquier otro. El caso es que en ese momento, recontamos entradas, me comentan cualquier cosa, o, simplemente charlamos de lo cojonudos que somos y si este y aquella y las mil risas de cada noche. Hoy por eso, y ya me lo esperaba, ha salido el tema del sueldo. Cada temporada sale. No es una novedad. Querer cobrar algo más, me parece lícito, en un margen razonable y en base a la valía que demostramos cada noche. Yo les escucho y prometo hablar con Rubén, que, por otro lado, ya estará esperando que vaya a comentárselo. Es el viejo juego del chamarileo. Que si yo te ofrezco y tu me pides y entremedias a ver que sale. Algo ganaremos, seguro. Cuando la charla se acaba y pasamos cuentas, cuando yo he pasado cuentas con Rubén, es cuando la noche se acaba realmente. A veces todos, a veces unos cuantos, nos vamos a tomar un último bocado a cualquier parte, antes de dormir. A veces cada mochuelo se va a su olivo. A veces todos, unos cuantos, del brazo de las chicas nos vamos a seguir un poco la fiesta. Y la vida sigue.