· Noche nerviosa. Se nota que se acercan días de fiesta. Las personas se crispan más de lo habitual, y hay que andar con mil ojos. Primer incidente de verdad. El Gallego, que andaba pasado de rosca, se picó cuando le pedí que esperara un poco para que pudiera dejarlos pasar a él y su acompañante. Llegó a sacar el arma reglamentaria, que no se quita ni para dormir. Conocer a quienes trabajan contigo y haberlo hecho durante tanto tiempo, tiene sus ventajas. Casi al mismo sacar el arma, Dos y Tres nos rodearon. Tres, dio la alarma por el itercomunicador, y los chicos se movieron deprisa. Muelas y Ojo, ocuparon el lugar de Dos y tres. El resto de la sala, movió sus posiciones hacia la puerta. De ese modo, el grupo que formábamos Dos y Tres, el gallego y yo yo mismo, quedábamos en un aparte. Y nadie se dio cuenta. Como si no pasara nada. Ese es nuestro trabajo, alejar el pánico. Vale decir que si Dos y Tres te cubren, es como si la misma cordillera del Hinmalaya te hiciera sombra. Nadie movió un musculo. Si yo hablo, todos quietos. Si hay problemas, yo daré la señal y entonces que Santa Rita se apiade del tipo, o los tipos. Porque lo que se da, no se quita. Tampoco llegó a más. Hace tiempo que el gallego y yo somos viejos conocidos. Todo el mundo que se mueve por la noche, de hecho conoce al gallego. Todos sabemos que tiene un saque fácil de pipa, pero nunca la ha empleado con nadie. Pero acojona cada vez que monta el numerito. Unas pocas palabras y el gallego me entregó el arma y se puso a llorar como un niño. Me lo llevé al despacho de Rubén, hablé con él un rato, le invite a un trago y cuando me aseguré que estaba calmado de verdad, lo dejé en manos de su acompañante, una profesional que ya nos conocía de sobras. "Si ves que vuelve a calentarse, avísame y lo empaquetamos para casa. Y gracias por aguantarlo". Es todo lo que le dije a ella cuando él ya no nos oía.
Son muchos miramientos, podrá pensar alguno que lea esto. Pues sí, pero esa es la diferencia entre ser amigo de alguien y no serlo. Que tienes mas miramiento. A quien le importa que hace tantos años, mientras el servía en el Norte, una bomba acabara con las vidas de su mujer y de su hija. Desde entonces anda de curda en curda. No levantará cabeza. Fijo. Lo único que yo le pido y ya lo sabe, es que armas, en la sala no. Por ahí a venido el pique de esta noche.
El resto de la noche, mejor. Con mucho movimiento, que para eso era Sábado y víspera de festivo. Porque hoy era el día de la Palma ¿no?. Ni idea. Entre lo cansado de la noche y el día de lluvia que ha amanecido. Lo único que he hecho es pasear un poco y leer un tanto antes de relajarme lo suficiente para dormir.
Y esta noche, la última de la semana. Aleluya, hermano.
"Mi nombre es Mal... Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre. Pero esas, no te las voy a contar aquí."