· He pasado por el viejo gimnasio de Lito. Desde la vuelta, no he sido muy constante con el entrenamiento, y eso es lo primero que Lito me ha recordado. "Estas fofo y viejo, Mal, ¿que te trae por aquí?, ya sabes que ya no hacemos milagros". Pero en realidad se que estaba contento de verme. Su abrazo me lo ha dicho. "¿Puedo?", le he preguntado. "¡Vamos hombre, estas en tu casa!". Lito, en realidad se llama Manolo. Hace muchos años llegó a tener una reputación en los pesos pluma. Pero eso fue hace muchos años. Luego abrió este gimnasio, que es más un club social para los cuatro de la pandilla. Manolo es bajito y seco como un palillo, siempre le llamábamos Manolito y de ahí a Lito. Y en Lito se quedó. Una noche, en una pelea de esas estúpidas que se arman por un "quítame esa paja de ahí", mi brazo se interpuso entre su corazón y la navaja que le buscaba. Nunca más quiso cobrarme la cuota del gimnasio y, desde entonces, creo, es mi único amigo. Al menos, cuando no tengo donde ir, se que puedo dormir en su casa. Alguna vez le pregunto "¿Cuando me vas a cobrar como a todo el mundo Lito?". Siempre me dice lo mismo: "¡Cuando se borre esa cicatriz de tu brazo, mamón!". Y así desde entonces. Pero uno es educado y siempre pregunto si puedo, antes de entrar.
El mismo me ha ayudado a anudarme los guantes y me ha sostenido el saco un rato hasta que se ha cansado de gritarme esas cosas que grita para que lo hagas mejor. Luego se ha ido gritando para los chavales que estaban en las maquinas. "¡Miradlo, ese es Mal, esta viejo, fofo, y pesado como una foca en un desierto, pero el día que alguno de vosotros le llegue a la suela de los zapatos, Lito cerrará este chiringuito para siempre!". Le gusta ponerme en evidencia, pero me quiere, el muy canijo.
Me hago viejo, si, pero poco a poco, como todo el mundo. Después de un buen rato dándole al saco y de hacer unos ejercicios, me he duchado y he pasado por el cuartillo que Lito tiene como despacho, a fumarme un cigarrillo con él. "Me han dicho los chicos, que vuelves al local de Rubén". "Si, es cierto". "Pues hazme el favor de cuidarte, ya no estas hecho un chaval,¿eh?, y espero verte más por aquí, que estas muy descuidado". lito siempre preocupándose por todos. "Esta vez, yo soy el que habla, Lito". "¿Y desde cuando se te ha dado bien hablar a tí?". Lito y sus sarcasmos. He sonreído pero no le he contestado. "¿Has sabido algo de ella?". He negado con la cabeza. Nunca sabre nada más de ella, y Lito lo sabe muy bien, pero él siempre se preocupa por todo por todos. Somos su pandilla de chicos descarriados. "¿Rayo y Ojo, siguen viniendo por aquí?" "Puntuales cada semana, ¿Sabes que Rayo acaba de ser papá?... lo siento, no quería..." "Esta bien, Lito, esta bien, no pasa nada. Cuando los veas, diles que les espero el Jueves en el local,vamos, si no tiene otra cosa" "¡Y aunque la tengan, si tu les llamas, dejarán lo que sea!, ya sabes que contigo a cualquier parte, Mal" "Esta bien Lito, ahora te dejo, me voy a dar un paseo antes de dormir". Lito asiente con la cabeza y cuando ya estoy casi en la puerta me grita "¡Recuerda las tres reglas, chaval!".
Las tres reglas, si. Las tres reglas de Lito para la vida; La primera, no mirar atrás nunca, lo que se quedó atrás, ahí se quedó. La segunda, que no te mientan tu cabeza, tus ojos, tu corazón y tus manos, y si lo hacen, no creerse sus mentiras. La tercera, mantener la palabra dada, la palabra de un hombre es ley. Con esas tres reglas hemos vivido toda la vida. Y no nos ha ido tan mal.
"Mi nombre es Mal... Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre. Pero esas, no te las voy a contar aquí."