· Ayer noche, estuve en el local de Rubén. Charlamos. Quiere ofrecerme trabajo. Yo acepté porque no me vendrá mal un poco de dinero extra. Y por volver a estar con los chicos un rato. Luego tomé café, fumé un par de cigarrillos, bebí una copa. Bailé y reí. Reí muchísimo. Me hacía falta. Una mujer me rondó, se acercó y desplegó sus brazos como encantamientos alrededor de mi cuello. Sus ojos brillaban y su boca era húmeda y acogedora. Me mordió en el labio, ahí donde tengo la cicatriz y se reía, reía con ganas también. Luego puso sus dedos sobre el labio y su tacto, me recordó que ahí es donde iban a morir tus besos y tus labios. Lo hicimos en un callejón oscuro, camino de alguna parte. Lo hicimos con mucha rabia. No se quien de los dos tenía más rabia que soltar. luegos nos fuimos cada uno por su lado. Yo volví a casa. En el reverso de un Flyer, escribió su nombre y su teléfono. Memoricé su nombre, porque es importante que recuerde el nombre de las cosas y las personas. Olvidé el número y tiré el papel. Al volver a casa, esta madrugada, sentí hambre y me comí una chocolatina y una manzana. He dormido con un sueño pesado, sin sueños ni pesadillas. Debo acordarme que me estoy haciendo viejo para estos juegos de humo. Pero tengo un empleo. La noche al cabo, salió bien.
Mi nombre no viene a cuento. Además, casi nadie me llama por el. Todos los que me conocen, me llaman "Mal", que es una abreviatura de mi apellido, Malapartida. Los nombres son importantes, porque hacen que recordemos a las cosas y las personas.
Mi nombre es Mal, entonces. Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre.
Pero esas, no te las voy a contar aquí.
"Mi nombre es Mal... Y esta es una parte de mi historia. Al menos la parte que no me importa compartir con nadie. El resto son pequeñas cosas privadas, que también tienen nombre. Pero esas, no te las voy a contar aquí."